martes, 24 de junio de 2008

viaje al fin del bosque


Autobús mañanero desde Bilbao hasta Legazpi, el corazón de Euskal-Herria. O uno de los corazones...O el higadillo...O la próstata...O...¡ O yo que sé¡...A lo que vamos: el autobús. Si esto fuera el tour de la francia, esta sería una etapa reina, n0 lo dudéis...Un rompepiernas demoledor para anónimos héroes del asfalto repleto de repechos traicioneros, curvas imposibles y pendientes modelo tumba-abierta. Es un trayecto diseñado para adictos al derrapaje, para obsesos de la ruleta rusa sobre ruedas, y todo esto está al alcance de cualquiera, adquiriendo tan solo- y por un módico precio- el dulce billete que no tarda en licuarse en la palma de la mano bajo el efecto de tensiones más propias del desembarco de Normandía que de un viajecito interpueblos.
Al poco, en el bus, comienza un ir y venir a por bolsas para potar, tan diminutas de embocadura las muy cabronas, y tan arcaicas, pero gratuitas, cuánta bondad. Aquí y allá, desparramados por los asientos del bus coctelera, destacan algunos penachos propios de las tribus locales, cráneos rapados como melocotones a los lados, y con una cresta trenzada que arranca densa en la frente y va perdiendo fuerza hasta la nuca, deshilachándose sobre los hombros, hay tambien amplia profusión de piercings tensos, lobulares, napiales, labiales y giroscópicos ...todo es tan...tan autóctono... Todos dormitamos o malrumiamos alguna paranoia mientras flotamos entre montañas verticales, rozando merenderos desiertos que aparecen envueltos en una neblina blanca y sólida por la que, de vez en cuando, asoman ovejas psicodélicas de ojos alucinados, caseríos olvidados por alguna máquina del tiempo y hoscos ayuntamientos con un fuerte olor a mociones de censura... Txukun, txukun, piuffffff, burruummm, la máquina traqueteante cruza la vieja Euskadi, dejando atrás ermitas de misas lentas y húmedas, poteadores tempranos de camisas recién planchadas, y un horizonte inminente con olor a rabas y vermú y comidas familiares de alto riesgo...Ay, ay, ay...Ahí está esa extraña macedonia de ciclistas suicidas, emakumes caminando veloces, con el jersey atado a la cintura, saltando sobre sus playeras blancas mientras tratan de ahuyentar tantos quebraderos de cabeza, tanto peso ajeno hecho propio...ciñendose aplicadamente a la estrecha línea de asfalto verde que les marca el camino, ajenas al pescador jubilado que las espía desde el otro lado de la campa, justo detrás de aquellos árboles...Pego la frente al cristal que separa dos mundos y escucho el disco que suena ahí mismo, en el altavoz sobre mi cabeza. La canción está ahí desde que salimos de Bilbao y se integra en el paisaje como si estuviera hecho para él. Es Camela. Y suena de puta madre. Qué cosas, che. Todo está bien. Halando claro: inmejorable.

3 comentarios:

El Conde de MonteCristo dijo...

Me ha recordado al bus de la película "Babel"...aunque parece que sin francotiradores fortuitos..menos mal!!

saludo,s
El Conde

ROBERTO MOSO dijo...

La humanidad te agradecerá eternamente tu colaboración para conseguir esos dos magníficos meses más de vida que el planeta tierra disfrutará gracias a tu fidelidad al transporte público. (Tócate los huevos, lo que he escrito sin una sola coma). Por lo demás vaya desde aquí mi apoyo solidario: Bocas más anchas en las bolsas de potar ¡YA!

Arantza Sinobas dijo...

Mi pueblo es una joya y como toda joya que se precie, difícil de tenerla y llegar hasta ella...
Pero una vez allí, qué rápido te recuperas Bruno! Sentado a esa mesa degustando unos platos preparados exclusivamente para tu deleite...Te quejarás!
Yo sigo diciendo que hay poesía en tus manifestaciones.
Tienes un alma sensible escondida entre tanta ironía.
Me gusta. Danos más!!!