lunes, 12 de enero de 2009

el horror llama a la puerta

Todo sucedió en Covina, una población del Condado de Los Angeles sin otro dato reseñable que ser el lugar de nacimiento del actor Tim Robbins. Allí, el día de Nochebuena, Jeffrey Pardo, un hombre de 45 años, católico devoto, monaguillo voluntario desde años atrás en las Misas del Gallo de la cercana Iglesia del Santo Remedio, condujo su 4X4 hasta la casa de los padres de su ex mujer. Cuando llama a la puerta está disfrazado de Papa Noel y lleva en una mano, envuelto en papel de regalo, un envase de gasolina. En la otra mano, una pistola semiautomática, que dispara sin pensarlo dos veces ante la cara de la niña de ocho años que viene a abrirle. Luego irrumpe en la casa, donde más de treinta personas celebran una fiesta, y se desata el infierno…Algunos invitados saltan por las ventanas y otros caen víctimas de las cerca de 200 balas que zumban aquí y allá. Luego viene la gasolina y la casa ya está ardiendo para cuando Jeffrey Pardo conduce, tambien él herido por el fuego que ha fundido el disfraz a algunas partes de su cuerpo, hasta la casa de su hermano, donde cuatro horas despues se suicida. Pasados los días, el balance definitivo queda establecido en nueve muertos, entre los que no está la niña de ocho años, que, aunque con la cara totalmente deformada, parece definitivamente fuera de peligro.
¿Fuera de peligro?¿Qué pasará por su cabeza cada vez que llegue navidad, en cada ocasión que un Papa Noel sonriente se acerque a ella para darle una hoja publicitaria o la bienvenida a unos grandes almacenes?¿Cómo va a poder mirarse a un espejo el resto de su vida sin revivir la noche en que todo – su madre, su padre, sus hermanos, su abuelo, sus primos, toda la magia de la infancia- desaparecieron para siempre tras abrir la puerta, sonreir y sentir el fogonazo ante su cara?¿Cómo recuperarse del viaje más cruel imaginable, el que te arranca de la inocencia más blanca para arrastrarte en décimas de segundo hasta las profundidades del horror absoluto, ese que surge y se alimenta de la decepción, de experimentar que aquello en lo que más crees, aquello que para ti es bondad y seguridad, puede quitarse de pronto la máscara y descubrir un rostro cruel, asesino, despiadado?¿Cómo puede estar fuera de peligro si no aprende a olvidar? Y eso es muy difícil: olvidar...

4 comentarios:

Roberto Moso dijo...

¡Llegó la cagadita mensual! ¡Aleluya!¿y que tripa se le había roto al puto monaguillo ese? . MENOS MAL QUE SE ALEJAN LAS NAVIDADES, obviamente te despiertan muchos demonios. Me da pena la pobre niña esa, pero mucho más los niños palestinos.

Bruno Pekín dijo...

¿Y los del Congo?¿Qué lugar ocupan en tu TOP-PENA?

Roberto Moso dijo...

El tercero, justo detrás de los palñestinos y del Top one: Bruno Pekín...jua jua jua.

El Conde de MonteCristo dijo...

Poniéndome serio lo justo: No vamos a comparar (algo humano) las penas, todas lo son. La muerte también iguala eso.
Si tuviera que poner a día de hoy un top one serían los niños que no tienen una infancia libre de desgracias e "incomodidades". Crecer y no poder recordar con cariño y alegría tu infancia y juventud tiene que ser algo muy triste porque esos recuerdos son a los que acudimos a medida que vamos creciendo.

Bruno, FlizAo209!

saludos,
El Conde