domingo, 28 de agosto de 2011

EL VERDADERO ALMA DE LA FIESTA

Si un día de estos se me apareciera un genio maligno y me dijera: "Escucha, mísero mortal, ya no tengo paz ni dentro de la lámpara, harto estoy de tanta fiesta, tanta aste nagusia y tanta ostia en vinagre. Voy a poner punto final a todo esto. Voy a arrasarlo todo. Todo menos una cosa. De tí depende cual". Diréis: vaya brete. Pues de eso nada. No iba a dudar un solo segundo. Adiós a los toros (con gusto, pa qué negarlo), a las txosnas, a los fuegos y al txupín. Ná de todo eso. Yo me quedo con los autos de choque. Al resto ya le pueden dar.
Afortunadamente no soy el único. Somos legión los que vemos en esta atracción sin par lo que Borges, ese gran empresario de frutos secos que escribía en sus tiempos muertos a la sombra de los pistachales, llamó El Aleph: ese punto concreto en el que se concentran todas las características del universo. Sí, ese lugar son los autos de choque. De todos los homenajes que se les han hecho (y que nunca serán suficientes) el de Los Desgraciaus destaca por su concisión descriptiva. La música evoluciona imparable a partir de la deconstrución armónica del bocinazo de la pista y se va elevando hasta el paroxismo final. La letra es canela en rama, conectando con la vida real sin complejos, alcanzando niveles líricos que para sí quisieran un Dylan, Natxo de Felipe o el mismísimo Bisbal. Todo un lujo, sí.

2 comentarios:

El Conde de MonteCristo dijo...

De la escuela Chunguita y Cameliana. Lo másss

Txolarte dijo...

Jua.Jua.Juaaaaaa.
Donde estén los autos de choke, que se quite la Marijaia.